domingo, 8 de diciembre de 2024

JOSE ROSARIO PEREZ EL VULCANO DE CIUDAD BOL{IVAR

TOMADO DE EL CORREO DEL CARONI José Rosario Pérez: el maestro guayanés que experimentó con materiales hasta convertirse en “el Vulcano de Ciudad Bolívar” Pérez empezó trabajando la madera, exploró las posibilidades del cuadrado sólido repetido en serie, para luego mutar al moldeado de hierro con fuego. Por ello el poeta Rafael Pineda lo llamó “el Vulcano de Ciudad Bolívar”. Edwin Rosal Vásquez Por Edwin Rosal Vásquez 7 Dic, 2024 - 4:34 PM El pasado 2 de diciembre falleció en Ciudad Bolívar José Rosario Pérez, maestro de las artes plásticas y promotor cultural en la región, dejando una invaluable trayectoria profesional. Sobre la obra de Pérez, el cronista de Angostura del Orinoco, Américo Fernández, en los años 70 Pérez dejó atrás el expresionismo atraído por la obra de Soto, quien durante esa época visitaba con frecuencia la ciudad, empeñado en crear un Museo de Arte Moderno, con la pinacoteca que tenía en París, producto del canje de su obra con la de otros artistas de la misma tendencia. Fernández acotó que, de igual manera, el artista se sentía imantado por la obra de Alejandro Otero, con quien trabajó en su taller de Caracas. “Lo atrajo la abstracción geométrica, pero en el plano estructural”. Así fue como empezó incursionando en la madera, trabajando las posibilidades del cuadrado sólido repetido en serie; habiendo estudiado previamente el cuadrado cromático de Albers y el cuadrado blanco sobre cuadrado blanco de Malevich. Sin embargo, el cuadrado de Pérez se presenta sólido, puramente blanco en serie y en forma estructural sobre el plano, dando sensación de tranquilidad e interferencia a la vez. “Luego dejó atrás la madera para probar con algo más recio y duro como su voluntad: el hierro, el fuego. Con razón alguna vez el poeta Rafael Pineda lo llamó el Vulcano de Ciudad Bolívar, en alusión al Dios de la mitología romana. Cuando lo visité últimamente para llevarle un calendario que le enviaba Régulo Pérez, recordó la música de sus primeros tiempos y me recalcó que por su vena artística pasaba la sangre de su padre quien también era un artista de la costura”, compartió el cronista. José Rosario fue hijo único de Magdalena de Pérez, y fue muy poco el tiempo que demoró en el dibujo y en la pintura de lienzo. “Su tiempo grande lo reservó para la artesanía en grado de abstracción creativa”. Vale la pena acotar que los críticos del arte moderno prefieren llamarlo “constructivismo”, -refiere Fernández- de todas maneras vale, porque, al fin y al cabo, la obra donde la mano como instrumento principal cumple la tarea de materializar en formas la idea del ingenio, es una construcción. Rememora el cronista que las manos de José Rosario Pérez fueron realmente incansables y creadoras, “logrando permanecer como en un juego que nunca termina, acechando y atrapando las burbujas de la imaginación, para que no escapen del todo de la realidad terrena”. El artista guayanés pasó de lo blando a lo duro partiendo de las ingentes posibilidades del hierro, luego de quedar postrado en una silla de ruedas desde que fue arrollado por un conductor ebrio. Su obra artística comenzó en los años sesenta al ritmo del rock y ha superado etapas que parecen detenerse, en la comunión constante con el metal fundido a 1.530 grados. Pérez trabajó con el hierro “asumiendo cierto ritual mágico o místico, como cuando extirpó los tumores del metal y trató su textura granujienta hasta hacerla agradable al espíritu. Pero eso no es lo importante, su obra en sí es una especie de síntesis de una trayectoria que comenzó con el cuadrado sólido de madera puramente blanco, adherido al mismo plano blanco, dando una sensación de tranquilidad, no obstante, la interferencia provocada por la luz al ser aprehendida en los hundimientos de la separación cuadricular de los sólidos, lo identificó siempre”, detalló Fernández. Agregó que la trayectoria de esa “obra que comenzó con lo ortogonal reticular de la madera, parece detenerse en el hierro dulce, fácil de modelar en frío. Se detiene en formas donde el cubo, que también en un tiempo fue unidad estructural única, se modifica en una suerte de espectáculo escultural, donde las formas, ya no blancas sino rojas o amarillas, impresionan con su abstraccionismo geométrico”. Reiteró que la sensibilidad artística de José Rosario Pérez fue fácilmente influenciable por la naturaleza y dinámica del medio donde vivió, ya que buscó refugio en la madera que en un tiempo era lo prevalente en Guayana, hasta que luego la madera extraída de los bosques selváticos fue suplantada por el hierro. “Su obra busca afanosa e inconsciente ese aspecto telúrico del medio donde vivió, apartado prácticamente del bullicio urbano de la ciudad, trabajando y viviendo al borde del riachuelo Santa Bárbara, en una casa que agotó en sus muros el varillaje del cinetismo

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